Se inaugura en Buenos Aires la Academia de Matemáticas, dirigida por el teniente coronel Felipe Sentenach.
LA ACADEMIA MILITAR DE MATEMÁTICAS DE 1800: DOCUMENTOS PARA EL ANÁLISIS DE SU PROGRAMA DE ESTUDIOS.
Nelson PIERROTTI
Entre los siglos XVI y XIX España conoció un creciente interés por las ciencias y sus aplicaciones, especialmente estimulado en la segunda mitad del siglo XVIII por una monarquía que deseaba ser ilustrada y poderosa. España necesitaba mantener el control de su imperio y para ello crear un nuevo ejército, mejor capacitado. Con tal fin se abrieron instituciones militares destinadas a la formación técnico profesional. En 1710 se creó el Cuerpo de Ingenieros, en 1720 la Real Academia Militar de Matemáticas, en 1764 el Real Colegio Militar de Segovia (que fusionaba las escuelas de artillería de Barcelona y Cádiz fundadas en 1751), varias Academias de Guardiamerines y la Academia de Ingenieros de Cádiz en 1812. Paralelamente el interés por las ciencias y las técnicas era estimulado en los Seminarios de Nobles, los Reales Estudios de San Isidro en Madrid, las Academias dominicales para la formación de bachilleres, y cincuenta y seis institutos tecnológicos formados antes de 1789. En estas instituciones y en otras, se enseñó matemáticas, topografía, artillería, cosmografía, física y contabilidad.
Durante la época colonial en el Río de la Plata, y en un principio, los ingenieros y otros técnicos recibían o reforzaban su educación de manera práctica en los sitios donde se hallaban asignados. Los oficiales formados en España, Francia o Flandes se ocupaban de la instrucción de sus nuevos ayudantes. Con el tiempo, se vio la necesidad de institucionalizar la enseñanza de las matemáticas, por lo que se planificaron y establecieron academias y cursos formales. A fines del siglo XVIII las matemáticas superiores y el análisis infinitesimal comenzaron a ser enseñados específicamente en cátedras militares. La necesidad se imponía por la falta de ingenieros capacitados y porque se entendía, como lo expresara Manuel Sentenach al inaugurarse en Buenos Aires la Escuela de Matemáticas de 1810, que "la matemática" era "la ciencia más útil y necesaria para un militar", que tanto tiene que manejar caudales como calcular la trayectoria de un proyectil.
Nelson PIERROTTI
Entre los siglos XVI y XIX España conoció un creciente interés por las ciencias y sus aplicaciones, especialmente estimulado en la segunda mitad del siglo XVIII por una monarquía que deseaba ser ilustrada y poderosa. España necesitaba mantener el control de su imperio y para ello crear un nuevo ejército, mejor capacitado. Con tal fin se abrieron instituciones militares destinadas a la formación técnico profesional. En 1710 se creó el Cuerpo de Ingenieros, en 1720 la Real Academia Militar de Matemáticas, en 1764 el Real Colegio Militar de Segovia (que fusionaba las escuelas de artillería de Barcelona y Cádiz fundadas en 1751), varias Academias de Guardiamerines y la Academia de Ingenieros de Cádiz en 1812. Paralelamente el interés por las ciencias y las técnicas era estimulado en los Seminarios de Nobles, los Reales Estudios de San Isidro en Madrid, las Academias dominicales para la formación de bachilleres, y cincuenta y seis institutos tecnológicos formados antes de 1789. En estas instituciones y en otras, se enseñó matemáticas, topografía, artillería, cosmografía, física y contabilidad.
Durante la época colonial en el Río de la Plata, y en un principio, los ingenieros y otros técnicos recibían o reforzaban su educación de manera práctica en los sitios donde se hallaban asignados. Los oficiales formados en España, Francia o Flandes se ocupaban de la instrucción de sus nuevos ayudantes. Con el tiempo, se vio la necesidad de institucionalizar la enseñanza de las matemáticas, por lo que se planificaron y establecieron academias y cursos formales. A fines del siglo XVIII las matemáticas superiores y el análisis infinitesimal comenzaron a ser enseñados específicamente en cátedras militares. La necesidad se imponía por la falta de ingenieros capacitados y porque se entendía, como lo expresara Manuel Sentenach al inaugurarse en Buenos Aires la Escuela de Matemáticas de 1810, que "la matemática" era "la ciencia más útil y necesaria para un militar", que tanto tiene que manejar caudales como calcular la trayectoria de un proyectil.
general don José de San Martín y Matorras fundó en Lima la "Biblioteca Nacional del Perú", a la cual donó su propia colección de libros, mediante el "Decreto de Creación de la Biblioteca Nacional" de 28 de agosto del mismo año. La saludó como: "(...) uno de los medios más eficaces para poner en circulación los valores intelectuales". El mismo San Martín dona cerca de 700 libros a la biblioteca. En sus inicios la biblioteca contaba con 11.000 libros que provenían de las confiscaciones que realizó el gobierno del Virreinato del Perú a la orden de los jesuitas que fueron expulsados de los dominios españoles en 1767. La orden de los jesuitas mantenía una biblioteca copiosa de diversas ciencias y humanidades en Lima.