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domingo, 11 de octubre de 2009

Efemérides 11 de Octubre

Nace José Félix Esquivel y Aldao ("El Fraile Aldao")
(Mendoza, 1785 - 1845). Ex fraile mercedario y militar, llegó a ser general y caudillo federal indiscutido de la provincia de Mendoza. Su capacidad como militar y su crueldad llegaron a ser legendarias, y la biografía que escribió de él Domingo Faustino Sarmiento, en gran parte novelada, alimentó mucho su leyenda. No fue un mal gobernante e hizo mucho por su provincia, pero también fue, posiblemente, el más cruel de los caudillos federales.
De fraile a coronel
Nació en Mendoza en octubre de 1785, hijo de un capitán de ejército procedente de la que hoy es provincia de Santa Fe - se presume que el apellido original era Esquivel Aldao - y hermano de dos militares (uno de ellos Camilo Aldao), que llegaron ambos al grado de coronel. Se educó en el colegio de los dominicos, y muy pronto ingresó en esa orden, ordenándose sacerdote en 1806 y doctorándose en Santiago de Chile.
De regreso a Mendoza, se incorporó al Ejército de los Andes, para hacer la campaña a Chile junto con sus dos hermanos Camilo y Francisco, como capellán de un regimiento. En la batalla de Guardia Vieja tomó sorpresivamente las armas y luchó junto a los soldados, de modo que, por consejo del general Las Heras a San Martín, se incorporó al Ejército como teniente. Su físico fuerte, grande y enérgico era más apropiado para el uniforme que para la sotana por lo que se incorporó al Regimiento de Granaderos a Caballo. Hizo toda la campaña de Chile, combatiendo en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú.
En la campaña del Perú, fue elegido para dirigir operaciones de guerrillas en La Sierra (curioso nombre que dan los peruanos a una de las cordilleras más altas del mundo): sublevó las poblaciones indígenas para quitar recursos a los realistas, apoyar al ejército patriota y hacer operaciones menores, con cientos de pequeñas batallas. Como los realistas recurrieron al terror para enfrentarlo, Aldao también respondió con una gran crueldad. Logró en esa guerra su ascenso a teniente coronel.
Regresó a la provincia de Mendoza en 1824, y se dedicó a la producción de vinos; lentamente se haría adicto a la bebida, pero faltaba aún mucho para eso.
En julio de 1825, una revolución dirigida por sacerdotes depuso al gobernador sanjuanino Salvador María del Carril, que estaba llevando adelante una reforma religiosa, copia de la de Rivadavia. Del Carril huyó hacia Mendoza para pedir ayuda, que consistió en un pequeño ejército al mando del coronel José Aldao y sus hermanos Francisco y José Félix. Fácilmente vencieron a los rebeldes, regresando al poder a uno de los más notables jefes civiles unitarios.
La primera guerra civil
Se unió al ejército provincial como comandante de la frontera sur, con sedes alternativas en San Carlos y San Rafael, ganando gran prestigio entre los soldados, los paisanos pobres y los hacendados. Logró un importante éxito contra los indígenas pehuenches que habitaban el actual sur de la provincia de Mendoza en octubre de 1828.
En 1829 estalló la guerra civil, comenzando por Buenos Aires y Córdoba, donde el general unitario José María Paz derrocó a Juan Bautista Bustos, federal. El caudillo riojano Juan Facundo Quiroga pidió ayuda para reponer a Bustos, y el gobernador mendocino le envió un ejército al mando del “fraile” Aldao. Fueron derrotados en La Tablada, y resultó herido; mientras estaba en San Luis le llegó la noticia de que los unitarios, dirigidos por Juan Agustín Moyano, habían derrocado al gobernador y arrestado a sus hermanos.
Regresó rápidamente a Mendoza, donde firmó un tratado de paz con el gobernador, general Rudecindo Alvarado. Pero Moyano se negó a aceptar el tratado y enfrentó a Aldao en Pilar, el 22 de septiembre de 1829. Al comenzar la batalla, mandó matar a Francisco Aldao, enviado por el general a pactar la paz. La victoria quedó del lado de José Félix Aldao, pero al enterarse de la muerte de su hermano, mandó matar a casi todos los oficiales rendidos. Entre ellos murió Francisco Laprida, el que había sido presidente del Congreso de Tucumán, el día de la jura de la Independencia argentina; también Moyano fue fusilado.
Después de la victoria, tomó en sus manos todo el poder militar y político de su provincia y se dio a sí mismo el grado de general. Usó ese poder en la forma más violenta que se pueda imaginar, incluyendo contribuciones forzosas y azotes y penas de muerte a los unitarios (según Ssarmiento, llegaba incluso a la castración de sus adversarios). Organizó un nuevo ejército, con el que acompañó nuevamente a Quiroga en su guerra contra los unitarios de Córdoba. Fueron derrotados por Paz en la batalla de Oncativo; Quiroga huyó y Aldao fue tomado prisionero y llevado a Córdoba.
Varios jefes unitarios pidieron la muerte de Aldao a Paz, pero éste lo mantuvo en prisión, mientras invadía las provincias con gobiernos federales, incluida Mendoza. Allí, el gobernador Corvalán y José Aldao fueron muertos por los indígenas entre quienes habían buscado refugio; Aldao se juró vengar a su hermano.
Tras la captura de Paz, el general La Madrid se lo llevó en su retirada hacia Tucumán, y luego lo deportó a Tarija, en Bolivia, poco antes de su derrota en La Ciudadela.
Campaña al desierto
A fines de 1832 regresó a Mendoza, donde se le dio el cargo de comandante general de la provincia. Hizo una campaña contra los indígenas del sur (mapuches, ranqueles) , y en 1833 hizo otra, combinada con la que había organizado en Buenos Aires el ex gobernador Juan Manuel de Rosas. Entre los jefes que acompañaron a Aldao, se contaron los futuros gobernadores de San Juan, Martín Yanzón y Nazario Benavídez. Su parte de la campaña comenzó como un éxito, llegando al Río Colorado y fijando el límite sur de su provincia en ese río. Pero su retirada fu desastrosa, acechado por la sed y el hambre. De todos modos, el sur de la provincia fue pacificado y se instalaron allí algunos ganaderos chilenos, que invernaban sus ganados en los valles de la cordillera de los Andes.
Se transformó el jefe de los federales del oeste del país, e impuso su autoridad sobre los gobiernos de las provincias vecinas, San Juan y San Luis. Después de la muerte de Quiroga, Aldao se convirtió en un obsecuente servidor de Rosas, además de gobernar por medio de la violencia. Posiblemente ya presentara síntomas de locura (tal vez causada por la sífilis), que lo fue dominando desde que le surgió un tumor en la frente, que lentamente le fue tomando gran parte de su cabeza. Su gobierno fue el más sangriento de los de los caudillos federales.
Su última guerra civil
En 1839 comenzó una nueva guerra civil, pero no afectó a Mendoza hasta la invasión de Juan Lavalle a La Rioja, después de su derrota en Quebracho Herrado. En respuesta a una efímera revolución, se hizo elegir Gobernador de la Provincia de Mendoza a principios de 1841 e invadió La Rioja. Lavalle lo esquivó, pero el coronel Flores, segundo de Aldao, derrotó a Mariano Acha en el norte de La Rioja. En seguida derrotó al gobernador riojano Brizuela, que terminó muerto.
Lamadrid atacó hacia el sur, enviando a como vanguardia a los 600 hombres de Mariano Acha, que tomó la ciudad de San Juan.
Aldao se unió con Benavídez y regresó rápidamente sobre San Juan. Pero justo a la salida del desierto lo esperaba Mariano Acha, que lo derrotó completamente en Angaco, en la batalla más sangrienta de las guerras civiles argentinas, favorecido por la sed del ejército federal. Aldao regresó a Mendoza, mientras Benavídez recuperaba San Juan. Acha fue tomado prisionero, y Aldao se vengó de su derrota: hizo fusilar a Mariano Acha y cortar su cabeza, colocándola en lo alto de un poste, a la vista de todos.
Unas semanas más tarde, La Madrid ocupó Mendoza, pero un ejército dirigido por Ángel Pacheco, en el que Aldao era sólo jefe de una parte de la caballería, lo derrotó en Rodeo del Medio. La persecución que siguió a la batalla fue terrible, y fue dirigida por Aldao. Allí terminó la guerra civil.
Últimos años
El resto de su gobierno fue particularmente despótico: declaró "dementes" a todos los unitarios, nombrándoles tutores para que los "cuidasen" y apoderándose de todas sus pertenencias.
Su acción política en el sur de la provincia, donde favoreció obras de riego y el establecimiento de poblaciones en el desierto, fue positiva.
Su último año y medio de vida fue de una atroz agonía: en la frente sobre uno de sus ojos le apareció un bultillo punzante al cual inicialmente se le aplicaron remedios caseros que fueron ineficaces. Cuando el tumor tenía ya casi una pulgada de diámetro su mejor médico personal, creyendo que se trataba de un quiste, le practicó una punción, pero en lugar de surgir humor acuoso surgió sangre, lo que convenció al médico de la malignidad del tumor.
Por ello mandó llamar a la ciudad de Buenos Aires a quien era considerado el mejor médico de la Confederación Argentina en esos días: Miguel Rivera (hijo del orfebre llamado "inca" Rivera). Este médico tenía las mejores intenciones, tal cual se puede leer en la historia clínica del caso. Pero carecía de la capacidad necesaria para tratar enfermedades graves (no administró ningún atenuante del dolor y además de extirpaciones del tejido tumoral visible y cauterizaciones químicas sólo prescribía dietas mínimas que debilitaban aún más a Aldao). Más aún, sólo cuando Aldao estaba in extremis, a pocas semanas de la muerte, reconoció que se trataba de un cáncer (no obstante, aún si Rivera hubiera tratado la afección desde el principio como un cáncer, en esa época la ciencia era totalmente ineficaz).
Así, el 19 de enero de 1845, Aldao delegó el mando en su ministro, el Dr. Celedonio de la Cuesta. A los pocos días falleció. Fue enterrado — por expreso pedido testamentario — con su hábito completo de fraile dominico y también el uniforme de general, uno sobre otro.

sábado, 10 de octubre de 2009

Efemérides 11 de Octubre






11 de Octubre de 1885

Nace en Londres (Inglaterra), la doctora Alicia Moreau de Justo, esposa del médico, legislador y político socialista Juan B. Justo. Se graduó como médica en Buenos Aires en 1914 y es autora de "La mujer en la democracia". Presidió la Conferencia por la Paz de América (1936) y propició el voto femenino. Falleció en Buenos Aires el 12 de mayo de 1986.

Fue una de las mujeres más destacadas en la búsqueda de los derechos cívicos de las mujeres argentinas a principio de siglo.
"Siempre creí que este país merecía ser distinto. Que un día íbamos a unirnos todos y el destino cambiaría. Recuerdo los barrios obreros de esta ciudad cuando llegábamos con las banderas rojas, y la gente se iba reuniendo y se iban logrando cosas. Cuando el partido socialista era una parte linda de la vida. Cuando las mujeres nos juntamos por primera vez y empezamos a pelear por nosotras...".

11 de Octubre de 1904

Nace en Buenos Aires Ana Laura Merello, más conocida como Tita Merello o "la arrabalera". Fue contemporánea de los cancionistas de la década del '20. Gran intérprete del tango, actuó también en cine y en teatro. Falleció en Buenos Aires el 24 de diciembre de 2002.



Actriz y cantante(11 de octubre de 1904 - 24 de diciembre de 2002)Nombre completo: Laura Ana Merello
ita no necesitó crear un personaje. En sus más desetenta años de trayectoria artística, simplemente recurrió a expresar, los matices de su propia vida, entregando al público lo peculiar de su personalidad.
No tuvo maestros. Tuvo abandono temprano, calle y tristeza, donde forjó la prepotencia que la caracterizó toda su vida, fiel reflejo de los papeles que le tocó interpretar en el teatro y en el cine.
Un ejemplo de esto, es aquella memorable escena, una de las mejores de todo el cine argentino, de la película "Los isleros". En ella personifica a "La Carancha" (ave nocturna que ataca y devora a los animales más pequeños), mujer agresiva que forma pareja con un hombre tranquilo, un campesino manso. En la escena ella ataca verbalmente a su hombre y este resiste, hasta que lo llama "toruno" (buey o toro castrado), entonces el hombre reacciona y le pega rebencazos hasta amansarla, para finalmente poseerla físicamente.
No nació para cantar. De joven decía con humor tangos reos. Más adelante, a medida que su repertorio se fue ampliando, al intentar sostener las notas, desafinaba. Pero tenía ángel y era aceptada por su público, tanto es así, que de varios temas realizó creaciones inolvidables y de tal magnitud, que ninguna otra cantante se atrevió a incluirlos en su repertorio sin salir mal parada.
El tango Arrabalera -del film del mismo título, basado en la obra teatral de Samuel Eichelbaum, "Un tal Servando Gómez"-, "El choclo", "Se dice de mí", "Pipistrela" y "La milonga y yo", que fuera creada especialmente para ella por el autor y compositor Leopoldo Díaz Vélez, también para una película, son emblemas de su repertorio.
Con respecto a "La milonga y yo", vaya como curiosidad que una parte de su estribillo fue plagiada por Joan Manuel Serrat, aquella que dice: "vamos subiendo la cuesta...", y que las instancias judiciales, después de treinta años, siguen sin resolver el pleito.
Bajita, morocha, de bellas piernas, labios gruesos y sensuales, y ese gesto de mirada insinuante y provocadora, de quien todo lo sabe y todo lo ofrece. Esa era ella y su personaje. Y así fue. Buscó todo con rabia, exultante, consiguió muchas cosas pero también perdió.
Fue registrada como Laura Ana Merello, nacida en la calle Defensa 715, el 11 de octubre de 1904. Hija de Santiago Merello de profesión cochero. Extrañamente no figura en su partida el nombre de su madre. Cuatro años más tarde una muchacha uruguaya llamada Ana Gianelli o Ganelli, se reconoce como su madre en la misma partida de nacimiento. Su padre ya había fallecido con sólo 30 años de edad.
«Yo conocí el hambre. Yo se lo que es el miedo y la vergüenza», con estas frases comenzó el relato de los duros momentos vividos en el asilo donde pasó sus primeros años.
«Mi infancia fue breve. La infancia del pobre es más breve que la del rico. Era triste, pobre y fea». Ya más grande, declaró sin pudor, "haber hecho la calle".
Y acto seguido nos confiesa que ya siendo reconocida en el ambiente artístico, un periodista famoso, al saludarla y tomar su mano, luego de observarla procazmente con intenciones "non santas", le dijo: «Usted en otra vida debió haber sido cortesana.» Y ella contestó: «¿Y ahora qué soy?»
Llega al escenario al enterarse que se necesitaban coristas en un teatro cercano el puerto, de esos característicos que vemos en las películas, frecuentado por marineros y gente del bajo fondo. En este momento viene a mi memoria Marlene Dietrich, aquella alemana bajita, sugerente, de hermosas piernas y desenfadada, los mismos atributos que la Merello, en el film "El ángel azul" donde intentaba cantar en un turbio cafetín y provocando el amor irracional de un serio profesor.
Un periodista de la época lo describe como un teatrillo de mala muerte, casi pornográfico, de nombre "Ba ta clán", a partir de entonces, a las coristas se las llamó "bataclanas", y este término se convirtió en sinónimo de "mujer alegre".
Tiempo más tarde pasó a ser una "vedette" y la bautizaron "La vedette rea". En esta condición estrena la obra "Leguisamo solo", creada por el director musical de la compañía, un italiano acriollado amante del turf, Modesto Papavero, y resulta un notable éxito.
Un famoso crítico teatral que la conoció antes de los años '30 dijo de ella: «Es una de las actrices más temperamentales, más fogosas y de carácter más fuerte de la escena nacional, a la par que es muy picara, muy rápida para las réplicas, muy inteligente, e interpreta los tangos como actriz. Cada tango es un pequeña obrita de teatro.»
Comenzó en el cine con el cine mismo. Aparece en la primera película sonora argentina reconocida como tal, "Tango", del año 1933. Otras posteriores apariciones suyas fueron de "segunda damita joven", pero de personalidad opuesta a la primera actriz que hacía el papel de "cándida" y con quien, en definitiva, se quedaba el galán, todo en un marco de comedia.
Pero cuando en 1937 filma "La fuga" se revela como actriz dramática, desconcertando a productores y directores, por su naturalidad, su expresión y su desenvoltura.
Otras películas importantes de su trayectoria en el cine, que la consagran en forma definitiva, fueron: "Morir en su ley", "Filomena Marturano" (del actor y dramaturgo italiano Eduardo De Filippo), "Los isleros", "Arrabalera", "Pasó en mi barrio", "Guacho", "Para vestir santos", "Amorina" y muchas más hasta superar las cuarenta.
Con el tiempo y en pleno desarrollo de sus éxitos actorales es requerida por el teatro, la televisión y por la radio, medio, este último, en el que continuó hasta su vejez. Ya era "Tita de Buenos Aires".
Como cancionista llegó al disco en el año 1927, para el sello Odeón, con dos temas: "Te acordás reo" (de Emilio Fresedo) y "Volvé mi negra" (de José María Rizutti y letra de Fernando Diez Gómez). En el año 1929 pasa a la Victor donde graba 20 temas, destacándose "Tata ievame p'al centro", "Che pepinito" y "Te has comprado un automóvil".
Luego de un largo paréntesis vuelve a los estudios de grabación, en el año 1954, de la mano de Francisco Canaro, siendo esta su época consagratoria. Allí surgen discos inolvidables como "El choclo", "Se dice de mí", "Arrabalera", "Niño bien", "Pipistrela" y "Llamarada pasional", este último dedicado a Luis Sandrini y del cual es autora.En las décadas del sesenta y del setenta graba más de cuarenta temas, con las orquestas de Carlos Figari y Héctor Varela.
Todo lo hizo con ímpetu arrollador. Fue mujer de muchos hombres, pero siempre reconoció un solo amor, el del actor Luis Sandrini (fallecido en 1980), con el que vivió alrededor de una década y quien luego la abandonara por una actriz más joven, Malvina Pastorino (fallecida en 1994).
«Mi mejor personaje es el mío. Una actriz dramática se llora a si misma cuando interpreta un personaje teatral.»
Obtuvo premios como actriz, pero lo más importante es el reconocimiento del público, que se mantiene hasta la actualidad y que la consagró como un símbolo de la mujer del tango y de Buenos Aires.











Fotos:Pagina Tita Merelo