viernes, 5 de febrero de 2010

Batalla de Cepeda

1° de Febrero Primera Batalla de Cepeda
Causas.
La causa de esta batalla fue el descontento de las provincias del interior con Buenos Aires, que había gobernado al país desde la Revolución de Mayo sin tener en cuenta la voluntad de las provincias. Al menos, no en la medida en que éstas lo deseaban. La principal exigencia de los líderes federales era que cada provincia se gobernara a sí misma, y que unidas formaran una federación.
Las insurrecciones contra el gobierno del Directorio habían comenzado en 1814, capitaneadas por el caudillo oriental José Artigas. Había logrado extender la rebelión a varias provincias; entre ellas formó una Liga Federal, que nunca llegó a entenderse con el gobierno central.
De hecho, desde 1816, las provincias litorales, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y la Banda Oriental eran independientes del gobierno central, ubicado en Buenos Aires. Tras varios años en que Santa Fe y Entre Ríos fueron repetidamente invadidas por tropas enviadas por el gobierno porteño, la situación no había cambiado en lo esencial.
El rey de Portugal, que residía en Brasil, aprovechó los enfrentamientos internos para anexarse la Banda Oriental, invadiéndola a principios de 1817 y ocupando su capital, Montevideo. El gobierno de Buenos Aires no hizo ningún esfuerzo serio para defender esa provincia, y Artigas lo acusaba - con mucho de razón - de apoyar esa invasión.
En 1819, el que había sido el Congreso de Tucumán, trasladado a Buenos Aires, sancionó una constitución que otorgaba amplios poderes al gobierno central y restringía la libertad de las provincias de tomar decisiones sobre sus propios asuntos.
En consecuencia, Artigas y los demás caudillos locales decidieron no tratar más con el gobierno central y atacarlo en su propia capital. Por encargo de Artigas, las fuerzas de Entre Ríos se trasladaron a Santa Fe, y desde allí avanzaron sobre la provincia de Buenos Aires.
Durante el mismo período que separa la sanción de la Constitución Argentina de 1819 y la batalla de Cepeda se habían separado del gobierno central las provincias de Tucumán y Cuyo, además de que la de Salta era una especie de aliada independiente del gobierno central.
La batalla.
Poco antes de la batalla, Rondeau recibió la noticia de que el Ejército del Norte, que él había llamado en su ayuda, se había sublevado para no ser obligado a luchar en una guerra civil. De todos modos, enfrentó a los federales con el ejército de la capital. Aparentemente, tenía a su favor la ventaja de que el ejército federal estaba íntegramente compuesto de caballería.
El ejército porteño se movió con relativa rapidez, e invadió la provincia de Santa Fe antes de que los federales invadieran Buenos Aires. Rondeau ocupó el borde sur del bañado conocido como Cañada de Cepeda, y esperó allí a sus enemigos.
El Director formó su ejército en una disposición urbana, con la caballería a los lados y la infantería y la artillería al medio; protegiendo sus espaldas quedaba la larga formación de carretas. Una posición muy difícil de vencer, si el enemigo atacaba de frente. Pero en medio de la llanura, los federales no estaban obligarlos a hacerlo, justamente porque sus tropas eran puramente de caballería.
López era el gobernador de la provincia en que se combatía, pero aparentemente dejó el mando de las operaciones de la batalla a Ramírez. Es que el santafesino era un experto en acciones de guerrilla, pero Ramírez había demostrado ser muy capaz en una batalla. Junto a los santafesinos y entrerrianos, formaban en el ejército federal algunos indígenas del Chaco y un escuadrón de correntinos, al mando del capitán irlandés Pedro Campbell.
Los jefes federales cruzaron al galope la Cañada de Cepeda, rodearon el dispositivo y se pusieron a sus espaldas. De inmediato atacaron a la caballería, mientras la infantería trataba de asomarse entre los carros y los cañones aún apuntaban para el otro lado. La batalla duró diez minutos, y la huida de la caballería directorial arrastró a Rondeau. El resto del ejército debió retirarse hacia San Nicolás de los Arroyos y embarcarse de regreso a Buenos Aires, dirigido por el general Juan Ramón Balcarce.